Hay alojamientos que simplemente te dan una cama donde dormir. Y luego están los ryokan.
La primera vez que me alojé en uno, entendí que no era simplemente un hotel diferente. Era otra forma de estar en Japón. La forma en que te reciben, el tatami bajo los pies, el yukata esperándote doblado sobre el futón, la cena servida en tu habitación plato a plato… Todo estaba pensado para que sintieras que el tiempo se había ralentizado un poco.
Si viajas a Japón y solo puedes elegir una experiencia que te conecte de verdad con su cultura, elige una noche en un ryokan con onsen bien elegido. No lo olvidarás.
Un ryokan es una posada tradicional japonesa con siglos de historia. La palabra se compone de dos caracteres: ryo 旅 (viaje) y kan 館 (edificio o casa), lo que ya nos dice mucho de su propósito original: un lugar para el descanso del viajero.
Aunque hoy los encontramos con distintos niveles de lujo y modernidad, los ryokan auténticos mantienen una serie de elementos que los distinguen completamente de cualquier hotel occidental: habitaciones con suelo de tatami, futones en lugar de camas, normalmente baños termales propios (onsen) y cocina kaiseki, elaborada con productos de temporada y presentada como una obra de arte comestible.
Los ryokan nacieron en el periodo Nara (710-794 d.C.), vinculados a los caminos de peregrinación y las rutas comerciales que cruzaban Japón. Eran establecimientos donde los viajeros, los mercaderes y los peregrinos que recorrían el país a pie podían descansar, comer y recuperar fuerzas.
Durante el periodo Edo (1603-1868), con el florecimiento de las rutas de postas como el famoso Tōkaidō que unía Tokio con Kioto, los ryokan se multiplicaron y
se sofisticaron. Fue en esta época cuando comenzó a desarrollarse la filosofía de servicio que los define hasta hoy: la atención total al huésped, el cuidado de cada detalle, el arte de hacer sentir bienvenido a quien cruza tu puerta.
Esa filosofía tiene un nombre: omotenashi, la hospitalidad japonesa en su expresión más pura. No es un servicio por obligación, sino una disposición genuina hacia el bienestar del otro. En un buen ryokan, la sientes desde el primer momento.
Hay una serie de elementos que definen un buen ryokan:
No hay que sabérselo todo de memoria, pero conocer algunas costumbres te ayudará a disfrutar la experiencia con mucha más comodidad y, sobre todo, a no cometer alguna metedura de pata involuntaria.
Quítate los zapatos al entrar. Siempre. Existe una zona específica llamada genkan que es un pequeño recibidor escalonado donde dejarás el calzado y pasarás a las zapatillas del establecimiento. Es el umbral entre el mundo exterior y el espacio íntimo del ryokan.
En muchos ryokan hay zapatillas diferentes para los aseos. Recuerda que, las zapatillas del baño son solo para el baño. Cambia de unas a otras cada vez. Entrar al tatami con las zapatillas del servicio sería una falta de respeto grave (¡y bastante incómoda para ti también!).
No camines nunca con calzado sobre el tatami. Sobre las esterillas de tatami se va en calcetines o descalzo. Es una norma básica e innegociable.
Los horarios del kaiseki son fijos. La cena suele servirse en un horario determinado que el establecimiento te comunicará al llegar y a veces puedes elegir tú la hora dentro de una franja. Es importante respetarlo llegando al comedor (si no te la sirven en tu habitación) al menos 10 minutos antes, ya que la cocina kaiseki implica una preparación elaborada y personalizada.
La okami-san merece todo tu respeto. La propietaria o encargada del ryokan es el alma del establecimiento. Es quien supervisa todo, quien se asegura de que tu estancia sea perfecta. Un saludo cortés (konnichiwa durante el día, konbanwa por la tarde) y una actitud de gratitud al partir son más que suficientes.
El silencio también es parte del ryokan. Hablar en voz alta por los pasillos, hacer ruido en las habitaciones a deshoras o alterar la calma del establecimiento rompe el ambiente de paz que un ryokan cuida con tanto esmero. Deja que el ritmo del lugar te impregne.
No, ni mucho menos. Existe un enorme abanico que va desde los ryokan más humildes y familiares, llamados minshuku, que pueden costar desde 80-100€ por persona con media pensión, hasta los ryokan de lujo de altísimo nivel.
La clave no es el precio, sino encontrar el ryokan que encaje contigo. Un ryokan familiar en un pueblo de montaña puede ser infinitamente más memorable que uno de lujo mal elegido. Conocer bien las opciones y saber qué busca cada viajero es parte del trabajo que realizo cuando diseño un viaje a medida en Esencia Japonesa.
Por ejemplo, hasta la fecha, sin duda mi ryokan favorito se encuentra en el Valle de Iya, en la isla de Shikoku. Un lugar nada turístico en el que puedes disfrutar de un baño al aire libre contemplando las montañas y en el que la okami-san, te deleita con una canción tradicional de la zona mientras degustas la deliciosa cena kaiseki.
Casi cualquier región de Japón tiene sus propios ryokan, pero hay algunos lugares especialmente conocidos por su concentración de establecimientos auténticos:
Kinosaki Onsen es el pueblo del yukata y los paseos nocturnos entre aguas termales. Alojarse aquí en ryokan es una experiencia fuera del tiempo.
Kyoto tiene algunos de los ryokan más refinados del país, especialmente en el barrio de Gion o a orillas del río Kamogawa.
Yamagata o Akita (Tohoku) permiten vivir el ryokan más auténtico, alejado del turismo masivo, rodeado de naturaleza y con una cocina que refleja la generosidad de esta región menos visitada.
Una noche en un ryokan bien elegido puede convertirse en uno de los grandes recuerdos de tu vida. No solo por la comodidad o la belleza del lugar, sino por lo que te enseña: que hay otras formas de descansar, de comer, de relacionarse con el entorno y con uno mismo.
Si quieres que tu viaje a Japón incluya este tipo de experiencias, elegidas con cuidado y adaptadas a lo que buscas tú, en Esencia Japonesa diseño viajes a medida para que cada momento tenga sentido y cada alojamiento cuente una historia.
Arigatō Gozaimasu por leerme y hasta la próxima! ¡Matane!